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lunes, 22 de abril de 2019

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Nuestra primera perreta

   Las perretas... eso de lo que todos los padres hemos oído hablar, pero hasta que no las sufrimos en carne propia no sabemos lo que son.
   Pero empecemos por el principio. ¿Qué es una perreta?
   ¿Se trata tal vez de una posesión demoniaca en la que un espíritu maligno se apodera de nuestro hijo?
   ¿O quizás es el karma que vuelve para recordarnos todas aquellas veces que criticamos a otros padres por "no saber" controlar a sus hijos? -mira pa´lli, si lo tienen asilvestrado!
   Podría tratarse de la madre naturaleza en todo su esplendor recordándonos lo insignificantes que somos en este universo, o tal vez la selección natural deshaciéndose de aquellos padres que no son lo suficientemente fuertes empujándoles al suicidio.
   Quizás sea una conspiración de orfanatos a nivel mundial que les ponen algo en la papilla a nuestros hijos para volverlos locos e intentar que los demos en adopción.
   Nada de esto está claro, pero si hay algo que comparten todas las buenas perretas es que debe de haber público. Que el mismísimo belcebú se apodere de tu hijo no tiene ninguna gracia si es en casa cuando sólo estáis tu y tu pareja. Una auténtica perreta requiere de un centro comercial abarrotado, un autobús lleno de gente, un avión en mitad de un vuelo transoceánico, el funeral del tío Antonio, y por supuesto todo un clásico: el restaurante.
   En nuestro caso los hechos ocurrieron el 23 de Marzo del año de nuestro señor 2019 en un restaurante de Ribadeo. Podría haber sido una comida más, de hecho todo estaba transcurriendo con normalidad y no había nada que indicase que el fin del mundo estaba próximo. Ni la llama de las velas se volvió azul, ni los perros empezaron a ladrar, ni vimos bandadas de pájaros volando hacia el sur. Lo mínimo hubiese sido escuchar siete trompetas pero ni ese aviso se nos concedió. Todo era normal, un matrimonio normal disfrutando una comida normal junto a su hijo normal. Y entonces todo cambió.
   Objetos empezaron a ser arrojados al suelo desde lo alto de la trona. Pedazos de pan llegaban bajo las mesas de otros comensales. Hubo que apartar platos y vasos. Tenedores y cuchillos se escondieron para evitar males mayores. Todo era susceptible de terminar en el piso. Y llanto, mucho llanto. Y gritos, muchos gritos! La gente empezaba a mirarnos y nosotros intentábamos mantener la calma, pero no puede haber calma en una perreta. Los camareros pasaban de largo disimulando cuando todos sabemos que en el fondo estaban acordándose de toda nuestra estirpe. Un hilo de sudor empezaba a bajar por mi espalda mientras me decía a mi mismo que todo aquello terminaría pronto. Si la criatura no dejaba de llorar tarde o temprano tenía que deshidratarse. O quién sabe, igual con suerte me daba un infarto y despertaba en el hospital donde no dejan entrar niños.
   Nada de eso sucedió. Hubo que abortar la comida en familia y comer por turnos. Mientras uno paseaba al niño llorando en el carricoche por la calle el otro intentaba disfrutar del pulpo a la plancha y las zamburiñas en solitario. Los llantos seguían, pero por lo menos lejos del público. De vez en cuando nos cruzábamos miradas por la ventana compadeciéndonos mutuamente por la vida que nos había tocado vivir. Sobra decir que intentamos apurar la comida lo más que pudimos. No se tomaron postres y mucho menos café. Yo sólo quería volver al coche y huir lejos. Quién sabe, quizás entrar en el programa de protección de testigos donde nos diesen una nueva identidad y dejásemos de ser el matrimonio aquel del restaurante de Ribadeo cuyo hijo estaba poseído.
   -Mira pa´lli!! Si lo tienen asilvestrado!!

lunes, 1 de octubre de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Los Rodríguez de Rodríguez III

   Si alguien se encuentra un reguero de leche desde Corrida hasta los Jesuitas lo siento, he sido yo. Me dejé el biberón mal cerrado dentro del carricoche y fui dejando rastro.
Al llegar a casa todo a la lavadora. Después de un rato descifrando el programa aquello empieza a funcionar y ante mis ojos empieza a girar dentro del tambor un paquete entero de Kleenex mentolados. ¿Alguien sabe como coño se para una lavadora en funcionamiento? ¿Y por qué no deja abrir la puerta? 
Quedan 24 horas. Vamos!!!!

martes, 18 de septiembre de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Los Rodríguez de Rodríguez II

   Por el momento parece que la suerte nos acompaña. Desde hace unas semanas estamos dándole papillas a Mateo, pero las come regular. Unas cucharadas y se cansa. Hoy por primera vez, y justo cuando estoy sólo al cargo, se tomado el potito entero a la hora de comer sin rechistar. ¿Le estaré haciendo pasar mucha hambre?

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Los Rodriguez de Rodríguez I

   Esto promete. La mamá se marcha a Londres un par de días por trabajo y nos despedimos de ella en la puerta de casa cagados y vomitados. El niño claro.
   La caca nos salía por la espalda y en un momento de distracción mientras le cambiaba, el peque metió la mano en el pañal para después maquillarse el papo con sustancia marrón. No voy a dar más detalles pero me costó casi un paquete entero de toallitas solucionar el problema.
   Primera crisis resuelta. Van 5 minutos. Quedan 54 horas.

martes, 28 de agosto de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Nuestro primer golpe

   Recuerdo al poco de nacer Mateo haberle comentado a mi mujer un artículo que leí por algún sitio que ahora mismo no recuerdo. El artículo en cuestión trataba sobre "la primera vez que se te cae tu bebé al suelo". Por aquel entonces la reacción de mi mujer fue de estupefacción y rechazo. -¿Pero qué dices?, ¿cómo se le va a caer a alguien su bebé?.
   Pues bien, señores y señoras, en la vida siempre hay una primera vez para todo, nunca digas nunca, de este agua no beberé, no se debe escupir para arriba, etc, etc. El caso es que el otro día (26/08/2018) por la noche nos despertamos sobresaltados por un estruendo dentro de la habitación. Al parecer mi mujer le había terminado de dar el pecho a Mateo y ambos se quedaron dormidos plácidamente en la cama. Como mi mujer teme que sin darme cuenta aplaste a nuestro hijo cuando me giro dormido, siempre lo coloca a su lado, pero por el lado exterior del colchón. Lo que pasa es que justo esta semana, nuestro pequeño ha aprendido a girarse sobre si mismo, lo cual es todo un progreso para sus poco más de 5 meses, pero que ya le ha traído su primer gran susto. 
   Así que lo que suponemos que ha ocurrido es que mientras papá y mamá dormían, Mateo se ha girado y se ha escurrido por el hueco que queda entre nuestra cama y su minicuna. No es que sea mucha altura, pero la suficiente como para despertarnos con el ruido del golpe. Si sumamos esto a la repentina desaparición del niño lo que nos queda es un buen susto que nos llevamos. 
   Lo bueno es que precisamente todo ha quedado en un susto. Mateo, como es lógico, estuvo llorando unos segundos pero se le pasó muy rápido cuando lo cogimos en cuello. Tampoco hemos localizado ningún chichón ni marca del golpe así que la caída parece no haber tenido consecuencias en Mateo, seguramente ha salido peor parada la madera del suelo.

lunes, 18 de junio de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: El corte de pelo

   Hemos tenido que hacerlo. No nos ha quedado más remedio. Y es que de tanto tiempo que pasa tumbado a nuestro pequeño le había salido una calva alrededor de toda la cabeza que había convertido su preciosa melena morena en el peinado del último mohicano.
   Así que después de debatirlo largamente decidimos poner cartas en el asunto y cortarle el pelo. Como apenas tiene 3 meses no era plan de llevarlo a la peluquería, así que lo hicimos nosotros mismos en el baño de casa con una pequeña afeitadora eléctrica que tenemos. Al principio nos costó un poco porque no se estaba quieto, pero después de practicar un poco fue todo mucho más rápido.
   Finalmente conseguimos igualar su peinado afeitando toda la parte inferior y la verdad que ha quedado mejor de lo que esperábamos. Ahora tiene un look mucho más moderno lo que está claro es que va a pasar menos calor durante el verano.

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Miedo

   Hoy he descubierto una nueva definición de la palabra miedo.
   Miedo es salir a dar un paseo con Mateo y que cuando estás a media hora de casa empiece a llorar como un poseído. Es en ese momento cuando empiezas a buscar y te das cuenta de que te has olvidado el chupo en casa. Por supuesto tampoco has traido un biberón con leche.
   Empiezas a sudar frío pensando en las posibles alternativas: echar a correr para casa, pillar un taxi, abandonar carricoche y niño y comenzar una nueva vida en un país extranjero...
   Entonces una vieja comienza a increparme: ¿qué le pasa a esi neñu?, ¿no trajiste agua?, pero si no echa ni una lágrima...
   Acelero el paso y la vieja se pone a mi lado. La madre que la parió. Cruzo la calle y consigo darle esquinazo.
   Intento darle a Mateo sus juguetes para distraerlo pero nada. Entonces se me ocurre sacar el móvil y enseñarle la pantalla. Milagro, la luz llama su atención y deja de llorar. Entonces llegamos a una zona adoquinada y el traqueteo del carricoche lo adormece. Bomba desactivada. Sólo han sido los 15 minutos más terroríficos de mi vida.

jueves, 14 de junio de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Los 3 primeros meses

   Y sin apenas darnos cuenta ya han pasado 3 meses desde que Mateo está con nosotros. Han sido unos meses intensos llenos de cambios y retos que hemos ido superando bastante bien. Al fin y al cabo este es un proceso de aprendizaje permanente. Nosotros aprendemos de Mateo y él aprende de nosotros y así día a día nos vamos adaptando a lo que va viniendo.
   En líneas generales creo que hemos tenido suerte. Mateo es un bebé muy bueno que solo llora cuando tiene hambre. Por las noches duerme ciclos largos de entre 4 y 6 horas y hemos conseguido que se duerma sólo. Lo dejamos en su minicuna después de cenar con la luz apagada y lo vigilamos con la cámara de video desde el salón. Tarda unos minutos, pero se queda frito.
   Durante el día duerme menos. Se pega minisiestas de 15 - 20 minutos en su hamaca cuando estamos en casa y cuando salimos duerme mucho mejor. Le encanta el traqueteo del carricoche o el ruido de los bares. En esos momentos sí que puede dormir más de una hora.
   Sus minisiestas están bien, pero no dejan tiempo para hacer nada. Yo que me quedo con él por las mañanas estoy desarrollando técnicas ninja para no despertarlo. Alguna vez se ha despertado con el simple chasquido de mi rodilla al intentar alejarme sigilosamente. Y es que aprovecho cada vez que cierra los ojos para adelantar cosas. Mandar un mail del trabajo, hacer alguna llamada, fregar cacharros, vestirme, ir al baño. Cada minuto es oro. Cuando está despierto no es que dé ningún problema, pero reclama atención permanente.
   En ocasiones, cuando no se duerme, lo tengo que llevar conmigo por toda la casa en su hamaquita. Parecemos una procesión de semana santa. Voy a lavar los dientes, conmigo al baño. Voy a vestirme, conmigo a la habitación. Voy a calentar su biberón, conmigo a la cocina. Mientras que me está viendo está tranquilo. Ahora que si deja de verme durante 5 segundos saca a relucir esa voz de tenor que la naturaleza le ha dado y grita cómo si cantase Rigoletto.
   Otra cosa curiosa que hemos notado es que le encanta la calle. Ya nos ha pasado varias veces que empieza a llorar como un loco cuando lo metemos en el carricoche, pero es abrir la puerta de la calle y asomarlo al descansillo y se queda totalmente callado.
   En definitiva, estamos contentos con el niño que nos ha tocado. Aunque algo tendremos que ver nosotros en ello.

viernes, 20 de abril de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Las nuevas tecnologías

   Ser padre nunca ha sido fácil, pero hoy en día gracias a las nuevas tecnologías lo tenemos un poco menos difícil. 
   Acabamos de comprarnos una minicamara para vigilar al peque y me parece la mejor inversión que podíamos haber hecho. Ha sido un poco cara, pero con ella podemos controlar a Mateo desde cualquier habitación de la casa.
   Además nos da la temperatura del cuarto donde está el niño, tiene sensor de ruido, sensor de movimiento, podemos ponerle nanas o hablarle a distancia. Y lo mejor de todo, podemos verle desde cualquier sitio con nuestros móviles. El niño más vigilado de este pais.


viernes, 13 de abril de 2018

DIARIO DE UN PAPÁ PRIMERIZO: Siento una presencia...



   Cuidar de un hijo tiene cosas maravillosas, pero hay una parte oscura de la que nadie me había hablado. En la soledad de las mañanas hay momentos complicados y difíciles de explicar. Uno de esos momentos viene cuando recibes la llamada de la madre naturaleza y te das cuenta de que no estás solo. Uno intenta llevarlo con la mayor dignidad posible, pero es difícil mantener la serenidad en circunstancias tan comprometidas cuando sientes que alguien te está observando cual paparazzi a la puerta de una discoteca de famosos. Espero no estar volviéndome loco porque aún no oigo voces, pero si siento una presencia.

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Primera mañana solos

   Hoy 11 de abril ha sido nuestra primera mañana sólos. La mamá ha querido empezar a trabajar y nos hemos organizado para que me quede yo cuidando del peque varios días a la semana. 
   El día empezó regular. Mientras mi mujer se preparaba para ir al trabajo le fui dando un buen biberón al niño para asegurarme que mis problemas no vendrían por culpa del hambre, pero en el mismo momento que mi mujer salió por la puerta pude detectar que a Mateo la caca le subía por la espalda. La responsabilidad era totalmente mía como artífice del último cambio de pañal y mi decisión con nocturnidad de ponerle una talla 1 cuando ya habíamos empezado con la talla 2. Supongo que me dió pena dejar pañales pequeños sin usar y tocaba pagar las consecuencias.
Una vez resuelto el problema, la mañana transcurrió con normalidad. 
   A las 10:30 nos preparamos para ir a la seguridad social. A las 11 tenía cita para tramitar la parte de baja de maternidad que me va a ceder mi mujer. Todo iba muy bien. Mateo se quedó dormido en la mochila y el autobús pasó justo a tiempo para llegar a la hora a las oficinas. El problema comenzó al sacar mi turno y darme cuenta que tenía por delante más de una hora de espera. Las veces anteriores nos habían atendido casi sobre la marcha y yo me había confiado. Los nervios comenzaron al darme cuenta que no había traído ningún biberon para alimentar a la bestia cuando se despertase hambrienta. Los turnos parecían no avanzar, y cada vez que Mateo se movía, un escalofrío recorría mi espalda.
   Finalmente, pasadas las 12, llegó mi turno y en unos 20 minutos habíamos terminado de hacer los tramites y pude coger el autobús de vuelta a casa para esperar acompañado de biberones de reserva que la fiera abriese los ojos.

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: El sueño

   Una de las cosas más importantes que aprendes al poco de ser padre es intentar aprovechar al máximo los ratos de sueño.
   El problema es cuando tu mujer se va a la ducha dejándote al cargo, y cuando vuelve se encuentra que quien está vigilando es el niño.
   Foto perfecta para presentar mi candidatura a padre del año.

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Nuestro primer bibe

   Dentro de poco mi mujer va a empezar a trabajar así que tenemos que ir preparándonos. Como estamos con lactancia exclusiva (no le damos biberones de fórmula), hemos estado acumulando leche en el frigorífico para cuando la mamá no esté con nosotros. 
   El problema ahora es aprender a tomar esa leche desde un bibe y no directamente desde la teta. Nuestro primer intento fue el lunes 2 de abril y resultó todo un éxito. El biberón que utilizamos es el modelo calma de Medela y es algo especial porque requiere que el bebé haga vacío y succione igual que lo hace en el pecho de la madre.
   Al principio le costó un poco pillar el truco. Se desesperaba al tener la comida tan cerca pero no ser capaz de conseguirla. Pero a los 5 minutos consiguió un primer trago de leche y rápidamente se dió cuanta de cómo funcionaba el asunto. Tan bien se le dió que se tragó algo más de 50 ml en menos de 5 minutos. Creo que nuestra reserva de leche se nos va a quedar pequeña. Este niño es un tragón.

martes, 3 de abril de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: El parto II

   De alguna manera estaba escrito que el 28 de Febrero de 2018 iba a ser un día especial, y en los días especiales ocurren cosas especiales.
   Me despertó el sonido de mi teléfono móvil. Era mi madre para decirme que ya se acercaba el momento y de paso preguntarme si había mirado por la ventana.
   Me levanté del incómodo sillón y me asomé por la cristalera de la habitación. No me lo podía creer, estaba nevando! Los coches del aparcamiento, los jardines y los prados que rodeaban el hospital amanecían cubiertos de una blanca capa de nieve. Parecía como si alguien desde algún sitio quisiese poner un toque aún más mágico a un día que recordaremos para siempre.
   Rápidamente me dirigí de nuevo a la zona de dilatación donde estaban mi mujer y mi madre. Eran las 8 de la mañana. Mi mujer había conseguido dormir un poco y se la veía más descansada. Ya había dilatado bastante, pero aun le quedaba mucho. Nos dijeron que el niño no nacería antes del medio día, así que me escapé un rato a la cafetería del hospital a desayunar algo. La noche la había aguantado con unas barritas energéticas que casi sin querer había metido en la maleta, pero mi estómago ya pedía algo más contundente.
   Ya con las pilas cargadas regresé junto a mi mujer y ya no me separé de ella hasta que fuimos 3. El resto de la mañana pasó relativamente rápido. Cada poco venían a comprobar cómo iba la dilatación y la frecuencia de las contracciones. Gracias a la epidural mi mujer no tenía demasiados dolores y el anestesista le había indicado un botón para pulsar en caso de que las molestias aumentasen y darse un chute extra de anestesia. Cuando las matronas se enteraron de esto querían matarle. Al parecer ya se había pasado con la dosis de todas las embarazadas de esa noche y eso era la gota que colmaba el vaso. Supuestamente es necesario que la embarazada sienta algo de dolor para identificar las contracciones y saber cuando empujar, pero allí nadie sentía nada. Según las matronas todos los partos estaban "bloqueados". Bueno, todos no. Una valiente que decidió no utilizar la epidural gritaba como si la estuviese interrogando la santa inquisición. Por un momento pensamos temimos que eso fuera lo normal, hasta que nos confirmaron que la chica no había querido la anestesia y respiramos más tranquilos.
   Pasadas unas horas nos dijeron que era el momento de empezar a empujar y una de las matronas junto con una estudiante se quedó con nosotros para ayudarnos. Cada vez que el monitor indicaba una contracción mandaba a mi mujer que empujase aguantando la respiración mientras que ella metía los dedos para ayudar a ensanchar el hueco por el que debía de salir el bebé. Ya no se ni las veces que le escuché decir a esa mujer: ahora puja, fuerte, fuerte, fuerte, puja, puja, aguanta, aguanta, puja, fuerte, fuerte, fuerte, descansa. Poco a poco la cosa fue avanzando y a una de estas que me dio por asomarme ya se veía parte de la cabecita del bebe como un coco peludo que intentaba salir.
   La situación se repetía una y otra vez, pero no conseguían que la cabeza asomase del todo. Cada poco venía la ginecóloga para ver como evolucionaba la cosa y en una de estas se percató que el liquido que salía estaba manchado, lo cual era señal de que el bebé se había hecho caca. Nos dijeron que era normal y que no pasaba nada, pero yo pude notar como desde ese momento las matronas empezaron a acelerar todo el proceso. De hecho no tardaron en pasarnos al paritorio para terminar el parto. Al parecer, el bebé venía con una vuelta de cordón y por eso no terminaba de asomar la cabeza. En cada contracción mi mujer conseguía bajarlo hasta la salida, pero al dejar de empujar el cordón volvía a tirar de él para dentro. La ginecóloga estuvo muy acertada al darse cuenta del peligro.
   Tal era la prisa por sacar al bebé que no dudaron en tirar de bisturí y darle un buen corte a mi mujer ahí abajo. Al mismo tiempo una de las matronas se tumbaba sobre el pecho de mi mujer para empujar desde arriba. No se como de tensa era la situación porque desde el desconocimiento no te enteras de nada, pero no me parecía muy cotidiano el procedimiento. Además, eramos en el paritorio 8 personas. Mi mujer (por supuesto), mi madre, dos matronas, una estudiante, la ginecóloga, una auxiliar y yo.
   Yo permanecía junto con mi madre a la altura de la cabeza de mi mujer hasta que la estudiante me hizo un gesto para que me acercase a mirar y apenas me dió tiempo a asomarme cuando de dos empujones más apareció Mateo.
   Durante todo el embarazo había tenido mucho miedo de cómo reaccionaria en el parto. No soy una persona demasiado aprensiva, pero las imágenes que se llegan a ver no son del todo agradables. Sin embargo, es cómo si lo que estás viendo estuviese en un segundo plano. Al asomarme y ver aquel tremendo corte y toda aquella sangre no sentí miedo ninguno. Es como si mis ojos viesen solo lo importante, y lo importante sucedió a los pocos segundos cuando salió mi pequeño. Recordaré ese momento como uno de los más felices de mi vida. Acabábamos de traer al mundo algo nuestro. Mi mujer lo había hecho posible. Lo habíamos conseguido.
   La sensación de alivio fue general. Desde la propia madre hasta las matronas. Tengo la sensación de que el parto fue mucho más delicado de lo que nunca nos dirán. De hecho a Mateo se lo llevaron inmediatamente a la pediatra para examinarlo. Según ellas para asegurarse de que no había tragado el líquido con su caca, pero yo creo que querían asegurarse que todo estaba bién. La propia pediatra vino a los 5 minutos para tranquilizarnos. Nos dijo que no había ningún problema y nos dió la enhorabuena.
   La felicidad fue completa cuando a los 10 minutos nos lo trajeron y ya pudimos verle bien. El pobre tenía la cabeza toda ahuevada hacia su lado izquierdo fruto de tanto tiempo entrando y saliendo. Tenia un gorrito que le cubría su tremenda mata de pelo negro heredado de la madre sin ninguna duda. No lloró casi nada. Ni siquiera cuando le metieron en los ojos una pomada de antibiótico o le pincharon.
   Ya con él en brazos, esperamos a que terminasen de coser a mi mujer durante un largo rato porque el corte era bien grande, y finalmente volvimos a la habitación donde había estado dilatando.
   En ese momento comenzaba nuestra nueva vida. Desde ese instante dejamos de ser dos para ser tres. Mateo ya estaba con nosotros.

martes, 27 de marzo de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: El Parto I

   Todo comenzó sobre el medio día del martes 27 de febrero. Mi mujer empezó a sentir unas molestias en la zona lumbar. En un principio no debería tener mucha importancia, pero cuando estás embarazada de 41 semanas, en embarazo prolongado, y los dolores vienen y van de manera constante, eso sólo puede significar una cosa: estábamos de parto!!
   Inicialmente las molestias eran llevaderas, o eso me decía mi mujer, y aunque venían con bastante frecuencia nosotros teníamos pensado permanecer en nuestra casa el mayor tiempo posible. Ese es el consejo que te dan las matronas. En el hospital no te van a hacer nada en una fase tan temprana, y por lo menos de esa forma estás tranquilo en tu casa.
   Siguiendo con nuestra idea inicial decidimos esperar hasta que las contracciones fuesen más intensas y seguidas (la teoría dice dos contracciones cada 10 minutos). Aprovechamos el tiempo para comer, revisar la maleta que íbamos a llevar, darnos una ducha, y a media tarde avisamos a mi madre para que fuera viniendo hasta nuestra casa. Mi madre es enfermera y nos iba a acompañar durante todo el proceso.
   Sobre las 7 de la tarde, ya con contracciones bastante frecuentes, decidimos poner rumbo al hospital. Como no podía ser de otra manera me olvidé las llaves del coche en casa y tube que dar la vuelta corriendo para que mi mujer y mi madre no se congelasen en la calle. Posiblemente ese día será recordado como el más frío del año en Gijón.
   Al llegar al hospital tuvimos suerte encontrando aparcamiento a la primera y entramos caminando por la zona de urgencias donde nos tomaron los datos y nos mandaron pasar a la sala de espera.
   Mi mujer y mi madre se fueron acompañadas de una enfermera y yo me quedé allí esperando hasta que, pasados unos minutos, otra enfermera me vio y me preguntó qué estaba haciendo allí. Supongo que la maleta y mis pintas le hicieron pensar que era un indigente tratando de pasar la noche bajo techo. Le expliqué la situación y me dijo que tenía que pasar directamente a la sala de espera de ginecología. Allí me encontré de nuevo con mi mujer y, después de esperar un rato, la vio el ginecólogo y nos mandaron subir a la planta.
   Nuestra gran suerte fue que nos dieron una habitación para nosotros solos. El miedo que tenía era no saber con quién nos tocaría compartir cuarto, y más en unas circunstancias tan incómodas. Afortunadamente nos comentaron que no había mucha ocupación en la planta, y que sólamente en caso de que se llenase nos molestarían poniendo una segunda cama.
   La habitación no era muy grande pero disponíamos de todo lo necesario. Una cama, dos sillas y un sillón reclinable que me torturaría la espalda las dos noches siguientes. Al estar solos pudimos disponer de los dos armarios y del baño a nuestras anchas.
   Mi mujer seguía sintiendo dolores cada vez más fuertes, pero las instrucciones que nos dieron fueron que teníamos que esperar hasta que las contracciones fuésen cada dos minutos. Con móvil en mano me dediqué a cronometrar la frecuencia hasta casi las 12:30 de la loche. Para ese entonces los dolores ya eran bastante insoportables y se repetían cada 2 minutos, minuto y medio, en ocasiones 3 minutos. Variaban pero eran muy fuertes y frecuentes. En ese momento decidimos llamar a la matrona para que nos preparasen para poner la anestesia epidural y nos bajasen a dilatación.
   La visita de la matrona fue todo un jarro de agua fría. Le hizo una exploración a la futura mamá y nos dijo que no había ninguna dilatación. Para encima resultó que la mayoría de dolores que mi mujer estaba sintiendo, aunque recurrentes, no eran contracciones. Después de tantas horas de dolor no es nada esperanzador escuchar que la cosa ni siquiera comenzado. Para mi mujer tuvo que ser horrible imaginar lo que se le venía encima en una noche que no había hecho más que comenzar.
   La matrona se despidió de nosotros recomendándole a la parenturienta que se diese una ducha de agua caliente para relajarse y soportar mejor los estragos y nos dijo que la avisásemos cuando tuviésemos contracciones reales cada dos minutos. No es que fuese borde con nosotros, pero en nuestra situación no hubiese estado de más un poco más de empatía por su parte. La noticia que nos había dado nos hundió la moral, y sobró el tonito de "no me hagáis perder más el tiempo".
   La ducha caliente ayudó en cierto modo, pero las horas siguientes fueron duras. Caminando por la habitación, apoyándose en la pared, sentada en la cama, mi mujer ya no sabía cómo ponerse para soportar los dolores. A las tres de la mañana la cosa era tan insoportable que decidimos volver a llamar a la matrona.
   En esta ocasión las noticias no fueron tan malas. Después de la exploración nos dijo que ya había 3 centímetros de dilatación. Aunque inicialmente pueda parecer poco, para nosotros resultó todo un alivio saber que el tiempo sufrido, ahora sí, había servido para algo. Yo creo que la matrona nos vió tan desesperados que decidió que fuesemos pasando a dilatación y que preparasen a mi mujer para la anestesia epidural.
   Otro golpe de suerte que tuvimos fue que al anestesista se le juntaron otras dos mujeres de parto a la vez que nosotros. Como eran las 3 de la mañana y el hombre debía de querer volver a acostarse decidió hacer un 3x2 y le puso también la anestesia a mi mujer junto con las otras dos. Normalmente no recomiendan hacerlo hasta los 6 centímetros de dilatación y nosotros sólo teníamos 3, pero visto el sufrimiento pasado, creo que nos ahorró unas cuantas horas de dolor.
   Mi madre y yo esperamos sentados en la sala de espera de la planta durante un largo rato hasta que nos dijeron que podíamos pasar a la zona de dilatación donde ya estaba mi mujer. La encontramos mucho más calmada y ya sin dolores, recostada en una cama en un pequeño cuarto donde ya esperaríamos hasta pasar al paritorio. Incluso la matrona le recomendó que durmiese un poco porque con la anestesia la cosa iba para largo. Según ella a razón de centímetro cada 2 horas y necesitábamos llegar a 10.
   Con las horas que nos quedaban por delante, mi madre insistió en quedarse y yo volví a nuestra habitación a intentar descansar un poco. Quedaron en avisarme cuando todo estuviese un poco más avanzado. No recuerdo que hora era, pero con el estrés de las horas pasadas me quedé profundamente dormido en aquel incómodo sillón.
 

martes, 27 de febrero de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: ¿Dulce espera?

   Aquí seguimos. Supuestamente salimos de cuentas el lunes 19 de febrero. Estamos a martes 27 y Mateo no parece que quiera salir.
   Este lunes hemos ido otra vez a monitores. Todo está correcto, pero el niño no tiene ninguna prisa. Quizá intuya que estamos en plena ola de frío y con lo agusto que debe estar ahí dentro no quiere asomar ni la patita.
   Nos han vuelto a citar en monitores pasado mañana jueves día 1 de Marzo. Supongo que si ese día sigue sin haber indicios de parto nos citarán directamente para inducirlo.
   Mientras tanto nosotros seguimos a la espera. Supongo que en cualquier momento puede ser que tengamos que salir disparados para el hospital, pero la espera se está haciendo larga. La barriga de mi mujer ya no da para mucho más y tenemos muchas ganas que empieze nuestra nueva vida. Después de 9 meses supongo que unas horas no deberían importar mucho, pero la verdad es que cuanto más cercano está el conocer a nuestro bebé, más dura se hace la espera.


ACTUALIZACIÓN DE ESTE POST: SON LAS 6 DE LA TARDE Y PARECE QUE ESTAMOS DE PARTO!!!

jueves, 15 de febrero de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: ¿Última semana?

   Hoy es 15 de febrero y supuestamente el día 19 salimos de cuentas, así que podríamos decir que estamos en nuestra última semana de embarazo, o no...
   Esta mañana hemos estado en Cabueñes. Primero hemos ido a la sala de monitores, donde han monitorizado al bebé durante media hora con una especie de sensor. El destino ha querido que Mateo, que últimamente no se para quieto, estuviese totalmente tranquilo. El problema es que para la prueba necesitaban actividad del bebé, así que han tenido que despertarlo con una especie de vibrador. Con lo agusto que debía de estar él echándose su siesta de media mañana.
   El resultado de la prueba ha sido muy bueno. Todos los parámetros están en orden e incluso detectaron alguna contracción, pero son tan leves que ni la mamá las nota.
   Después tuvimos la que debería ser nuestra última consulta con el tocólogo. Aquí también nos dijeron que todo estaba bien, pero ven muy poca dilatación así que creen que Mateo va a tardar aún unos días en salir. De hecho nos han dado consulta para él dia 26 directamente en la sala de monitores, aunque tenemos la esperanza de no tener que acudir a esa cita.


viernes, 9 de febrero de 2018

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: Estamos en posición

   El susto inicial que nos dió el médico en la tercera eco ha quedado en eso: un susto. Durante las siguientes semanas el bebé parecía estar de romería y ha estado moviéndose mucho. Nuestra esperanza era que detrás de tanta fiesta estuviese el giro definitivo y que por fín se posicionase con la cabecita para abajo.
   Pues parece que nuestro pequeño lo ha conseguido. Primero nos lo dijo la matrona. Le comentamos en una de nuestras clases de preparación al parto lo que nos había dicho el médico , y al terminar la clase se prestó a volver a palpar la barriga para ver si detectaba la posición. En una primera opinión ella lo sentía con la cabeza para abajo, pero cómo no quería volver a meter la pata, pidió a otras dos compañeras por separado que evaluasen la barriga. Aquello parecía un desfile de matronas, pero las tres estaban de acuerdo en que la posición, ahora sí, era la correcta.
   Aunque ya estábamos tranquilos, nuestra siguiente visita al tocólogo nos lo confirmó definitivamente. Mateo está en posición y esperando. Preparados, listos...

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: La tercera Eco

   La que debía ser la mejor de las tres ecografías resultó un chasco total. Al parecer el bebé estaba torcido y el doctor tampoco estaba por la labor de perder mucho tiempo buscando un buen ángulo. Según él, por más que lo intentásemos no íbamos a conseguir una imagen mejor. Pero la verdad es que después de tomar todas las mediciones protocolarias tampoco nos dedicó mucho más tiempo.
   En la imagen pudimos ver por ráfagas diferentes partes del cuerpo, pero de manera muy difuminada. Por lo menos todos los parámetros estaban correctos, que al fin y al cabo, es lo más importante. La pena es que nos quedamos sin la que supuestamente iba a ser la mejor foto de nuestro bebé.
   Me preocupó un poco cuando nos dijo que Mateo aún no se ha dado la vuelta. Es decir, sigue con la cabeza para arriba. Lo cual no es bueno porque así no puede salir llegado el momento del parto y habría cesarea. La notícia nos sorprendió porque la última vez que vimos a la matrona nos había dicho que ya estaba en posición. Claro que nos lo dijo al palpar la barriga de la madre, lo cual, lógicamente es mucho menos fiable que una ecografía. De todas formas el médico nos tranquilizó diciéndonos que aún es pronto y que sobra tiempo para que se de la vuelta.
   En caso de que no haya cambios, en nuestra próxima visita al tocólogo ya verían que medidas tomar. Como por ejemplo intentar girarlo manualmente. Es un procedimiento bastante común, pero sólo tiene éxito en un 60% de los casos y resulta fastidioso. Hay que sedar a la mamá y puede ser un poco doloroso mientras que le manipulan la barriga. Esperemos que Mateo sea un niño bueno y se ponga él solito en posición.

DIARIO DE UN PAPA PRIMERIZO: El curso de preparación

   Las últimas semanas hemos estado yendo todos los viernes a un curso de preparación para lo que se nos viene encima.
   A las 9:30 dejo a mi mujer en el Centro de Salud donde tiene una clase de preparación práctica para el parto, y a las 10:15 vuelvo para asistir juntos a la clase teórica.
   A la parte práctica no puedo asistir porque el aula donde se imparte no es lo bastante grande para padres y madres. Así que a esa parte acuden sólo mujeres. Allí practican las formas de respirar, de empujar, mecanismos de concentración, y todo lo relacionado con la parte más funcional del parto.
   Mientras todo esto ocurre yo aparco el coche en el parking del Molinón y hago tiempo tomando un café y leyendo la prensa. Con esto quiero decir que llegado el momento, cuando mi mujer se ponga de parto, y gracias a que no me dejan asistir a las clases prácticas, mi preparación y entrenamiento va a consistir en ser capaz de bajar a la cafetería de Cabueñes y saber cómo se toma un café leyendo el Marca. Cómo ir a la guerra si haber visto un arma!
   A las 10:15 me incorporo y pasamos a un aula mayor donde nos sentamos y la matrona nos va dando información teórica ayudándose de un proyector. Para esta parte se supone que ya pueden venir los padres, pero la realidad es que a excepción de un par de días yo he sido el único hombre presente.
   Estar ahí sólo, rodeado de unas quince futuras madres, es cuando menos una situación peculiar para mi. Ya están todas en un estado bastante avanzado de gestación, así que la que menos, tiene una barriga como un luchador de sumo, y del nivel de hormonas mejor ni hablamos. El primer día una se puso a llorar como la magdalena al presentarse. Decía que le pasaba con frecuencia y que no lo podía controlar, especialmente al verse en el espejo. Para mi resulta todo rarísimo, pero claro, soy el único presente junto con la matrona que no llevamos un alien dentro.
   Cada clase está teniendo una temática. Están divididas en: Cuidados del bebé, lactancia, parto y post-parto. Todo el contenido resulta muy interesante, pero es tanto que cuando nazca el niño no sé si nos acordaremos de la mitad. Supongo que lo importante es tener unas pautas claras sobre cómo va a ser todo y luego la experiencia propia hará el resto. Yo por mi parte tengo miedo hasta de coger el muñeco que la matrona utiliza para explicarnos alguna cosa.
   Nosotros terminaremos el ciclo de clases con las correspondientes a Parto I, y Parto II. Personalmente es la parte a la que más respeto le tengo. La matrona ya nos ha advertido que nos preparemos porque, y cito textualmente: "es un proceso animal".
   Entre las muchas cosas de las que me he enterado, resulta que si por algún motivo el parto es por cesárea, me van a dejar el bebé a mi mientras mi mujer está en recuperación para que sea yo el que lo tenga piel con piel los primeros momentos de su vida. La idea, llegado el caso, me parece genial. De lo que ya no estoy tan seguro es que dicen que el instinto lleva al niño a buscar la teta de la madre, y si me engancha un pezón tengo que dejarle. No me veo dentro de 30 años contándole a mi hijo cómo yo le dí el pecho.